Inspirado en nuestro nuevo Future Report - Hacia la Gastronomía Personalizada Euskadi 2050 - describe un día en el sector de la producción alimentari en Euskadi 2050. 

¿Sigue existiendo la figura del agricultor?

¿Qué habilidades tiene un agricultor?

¿Se han redefinido?

¿Cómo se organiza?

¿Qué significará la estacionalidad en Euskadi en 2050?

El premio ganador se publicará, junto con su foto y biografía, en nuestro próximo Future Report y en nuestras RRSS! 

Contacto

pg@bculinary.com

Resultado

Al despertar, Itxaro se asoma por las cortinas, observando a las gallinas que picotean de mala gana el suelo. Quizás no les gustó su nuevo alimento, uno que ella había estado preparando algunos días atrás.  Una brisa corrió por los árboles, dispersándose un nido de aves para surgir y abalanzarse, llenando el lugar del sonido de su piar   Después de desayunar, Itxaro va al laboratorio de alimento, un espacio híbrido donde se diseñan alimentos desde la producción al consumo y que juega un papel importante en la red de granjas distribuidas a pequeña escala a lo largo del territorio.   Este laboratorio de alimentos era anteriormente un parking, que se había vuelto obsoleto con el aumento en el precio y la disponibilidad restringida de gasolina. Ahora es un próspero, espacio verde para experimentos. El piso inferior, fue modernizado con sistemas de aeroponía, hidroponía y acuaponia, con pilas de gusanos para harina y grillos en la parte superior. Los siguientes 3 pisos consisten en una serie de cocinas experimentales, salas de reuniones y lo más importante, el restaurante. Itxaro comienza a revisar las plantas en el sistema de aeroponía. Una planta de tomate verde estaba a punto para ser cosechada. La planta de tomate provenía de una semilla guardada por la profundidad de su sabor en la Piperrada. Esta noche servirían la Piperrada con un pan hecho a partir de la última masa madre de grillos que el laboratorio había estado desarrollando. El pan había sido diseñado para adaptarse a bares que sirven pintxos, una proteína sostenible que era sostenible, de bajo costo y sabrosa.    Itxaro procedió a investigar el crecimiento de la Espelette, que estaba comenzando  a asomar sus frutos, de un hermoso color rojo intenso. Lo siguiente que probó fue una base para sopa hecha con grillos, que funcionó increíblemente bien como base para el Ttoro, una sopa tradicional vasca de pescadores que se serviría como plato principal para el menú de esa noche. El Ttoro tenía un profundo sabor a marisco que había desaparecido de los platos durante muchos años debido a restricciones de pesca para preservar el ecosistema del océano. El plato fue diseñado para un restaurante cercano.    Los restaurantes en 2050 dedican sus menús a redefinir la comida local y explorar tecnologías emergentes de producción de alimentos en alianza con los limitados, pero deliciosos productos frescos de temporada.    El rol de Itxaro tal vez no se clasificaría como agricultor, sino como un creativo desarrollador de alimentos, que diseña escenarios que vinculan al productor y consumidor: una maravillosa combinación híbrida de habilidades, todas dedicadas a la búsqueda de "lo delicioso".   El texto anterior es un fragmento inpirado en un posible futuro agricultor de Euskadi 2050. Se imagina cómo el futuro agricultor también puede ser un chef, un biólogo, diseñador y más. El enfoque de lo que definimos como local cambiará con la aparición de la producción de alimentos desarrollados a través de nuevas tecnologías. Por ejemplo, el potencial para crear y guardar semillas que se adapten a nuestros gustos personales, resistencia climática o incluso su idoneidad a un plato específico podría conducir a su desarrollo en sistemas de entornos controlados, como la aeroponía.    Mirar hacia el futuro de la gastronomía es emocionante, considerando preferencias de gusto individuales, nuevos gustos dado el descubrimiento de nuevos sabores a través de nuevas técnicas culinarias y los avances en ciencias ómica: ¡imagina plantas cultivadas específicamente para sorprender a tu paladar!    El papel de Itxaro en la narrativa anterior, reconecta nuestros sentidos y sensibilidad a nuestro medio ambiente y cuerpo. A través de la gastronomía personalizada, la producción y la experiencia de comer, el individuo de Euskadi podría tener visión más amplia del mundo y de dónde proviene su comida - un cambio de comportamiento notable que incorpora un enfoque más holístico, que prioriza al mundo natural. Esta reconexión por lo tanto permite un reconocimiento de la vital conexión urbano-rural que está actualmente rota, dada la producción masiva de alimentos que vemos en el mundo de hoy. Con suerte, el agricultor de Euskadi en 2050 será reconocido por el consumidor, en el que las líneas de producción son personalizadas y transparentes.   La producción de alimentos también será reconocida como una oportunidad para explorar las posibilidades de producción de alimentos dentro del bioma de ciudades. Las ciudades pueden no ser completamente autosuficientes, sin embargo, adaptando espacios para la vida que no sean los humanos fomentaría el movimiento de la biota, algo que es crucial para la evolución de las formas de vida. Al experimentar con la producción urbana de alimentos, podemos encontrar que ciertas frutas o verduras de hecho crecen fantásticamente en techos o en otros lugares. Devolviendo la producción de alimentos al habitante urbano permitiría una mayor consideración holística del medio ambiente y mayor consciencia sobre la procedencia de nuestros alimentos, haciendo visible el vínculo crucial entre la vida urbana y rural.    La idea de que se puede visitar con frecuencia un área de producción y cultivar una semilla que has guardado, crea una narrativa poderosa y responsabilidad en el consumidor. Puede ser una plataforma, una aplicación o simplemente una conversación que inicia esta relación dinámica entre productores y consumidores. En esta idea reside un inmenso potencial en el desarrollo del gusto no solo para el individuo, pero para el positivismo climático que nos beneficia a todos.   Una nota sobre el autor: Emily Whyman no es una granjera industrial, ni bióloga ni chef, sino una diseñadora apasionada por compartir, que disfruta abriendo la discusión sobre un elemento vital de nuestro crecimiento como humanos, lo cual más que a menudo fallamos apreciar, nuestros alimentos.  Su proyecto actual implica la creación de experiencias que se centran en experimentar con el sabor de alimentos sostenibles para aprender cómo podemos alterar comportamientos de consumo y lo que definimos como comestible. Ella interpreta su papel como diseñadora, en la medida en la que puede ayudar a avanzar la conversación sobre qué y cómo comemos. La creciente población mundial siempre necesitará sustento a través de los alimentos - así sea en una nueva forma, aún inexplorada.